Algunos comentarios sobre la desconexión del Plan Vive Digital
en algunas zonas rurales de Antioquia.

Cuando en una mañana cualquiera Consuelo descubrió que, después de varios días, por fin había acceso a internet, llamó a los profesores de las instituciones  educativas de Caramanta para que se acercaran a la Casa de la Cultura con sus estudiantes: a navegar, investigar, actualizarse o jugar. En esos raros días, ¡había que aprovechar!.

Caramanta es un municipio localizado en la subregión suroeste de Antioquia. Limita con otros municipios, como Valparaíso, Caldas y Támesis. Allí, en Caramanta, operó hasta finales de julio de 2018, uno de los 949 Puntos Vive Digital instalados en un periodo de ocho años por el MinTIC (Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones), durante los dos mandatos presidenciales de Juan Manuel Santos. La perspectiva de este Plan, en el papel, era que Colombia diera ”un salto en materia de tecnología” a través de la masificación de Internet y el desarrollo de un ecosistema digital nacional. En sus objetivos generales, Vive Digital trazaba que con el uso de Internet se podría reducir la pobreza, generar empleo y aumentar la competitividad de la industria nacional. 

En Caramanta, zona rural en la que habitan cerca de seis mil colombianos (según datos oficiales del DANE (2017), se instaló un Punto Vive Digital (PVD) dotado con servidor, cincuenta computadores, consola de juego y proyectores. Consuelo Grajales Granada, fue entrenada y contratada en mayo de 2017 como Administradora del ese PVD, sumando esta labor a la gestión de promoción de lectura y escritura que desempeña en la Biblioteca Pública hace 19 años. El PVD fue ubicado dentro de la Casa de la Cultura Luis María Sánchez de ese municipio y allí mismo opera la biblioteca. Consuelo define el funcionamiento de Vive Digital en Caramanta como “regular, por no decir que malo, porque el Internet vivía prácticamente caído (fallando, desconectado). Aquí en el municipio llovía o tronaba (relampagueaba, había tormentas eléctricas) y el router (módem) se quemaba (fundía). Los técnicos se demoraban mucho para venir a reparar eso. Aquí el Punto Vive Digital habrá funcionado bien, bien, en total, unos dos meses”.

 

Billones de bits discontinuos

La primera fase del Plan Vive Digital se lanzó en 2010 y se ejecutó hasta julio de 2014. Una última fase, llamada Vive Digital para la gente, operó entre 2014 y 2018. Los recursos invertidos por el Fondo de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (FONTIC)  entre 2010 y 2017 alcanzaron los 5,78 billones de pesos colombianos, según el “Informe Final de Evaluación de los programas del Plan Vive Digital para la gente financiados con recursos del Fondo de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (FONTIC)”. Entre muchos testimonios, datos y conclusiones sobre el Plan, este informe, que fue divulgado por el Departamento Nacional de Planeación en diciembre de 2018, sostiene que “se vislumbra una dispersión importante de la utilización de los recursos en muchos programas y proyectos, especialmente en el período 2014- 2018”.

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Frente a la billonaria inyección de recursos públicos durante ochos años, la infraestructura tecnológica y actividades relacionadas con formación y apropiación en TIC, la pregunta central acerca del Plan Vive Digital tiene que ver para los organismos de control, algunos medios periodísticos y las comunidades mismas, con la carente planificación en la continuidad del Plan Vive Digital debido al cambio de gobierno.

Durante la gestión de Juan Manuel Santos como presidente de Colombia, se desempeñaron como Ministros de Tecnologías de la Información y Comunicaciones (MINTic) Diego Molano Vega (2010-2014) y David Luna (2014-2018). Fue pocos meses antes del traspaso de mando de Santos al actual presidente Iván Duque, que en medios nacionales y regionales de comunicación se levantaron dudas sobre la ejecución transparente de los fondos relacionados con los planes Vive Digital en sus diversas fases, proyectos e iniciativas.

Una nebulosa cubre principalmente la gestión del Fonade, entidad encargada de ejecutar la operación y de contratar el servicio de conectividad de más de 900 puntos que hay en el país. En mayo de 2018, según investigaciones de la la Contraloría General de la República de Colombia, más de 600 PVD ubicados en los cascos urbanos de municipios colombianos, dejaron de operar; también se encontraron equipos obsoletos, y a muchos de los trabajadores se les debían sus salarios. Las denuncias sobre la administración indebida de los recursos públicos pertenecientes al Plan Vive Digital condujeron a la solicitud de liquidación de esa entidad. Hoy las investigaciones de este caso son tramitadas por la justicia colombiana.

El caso es que la gran mayoría de los Puntos Vive Digital, se han apagado poco a poco, entre agosto de 2018 y durante el primer semestre de 2019, debido a la finalización de los contratos. Los PVD ubicados en zonas rurales de 535 municipios, en 26 departamentos de Colombia, pasaron de ser responsabilidad de MinTic a manos de las administraciones locales. Ello no significa la continuidad de su funcionamiento. Por ejemplo en Antioquia, mientras municipios como Támesis han logrado ajustar sus presupuestos e idear mecanismos para mantener activos y disponibles estos escenarios de conectividad digital para sus comunidades, otros como Caramanta, no tienen esa capacidad.

En Támesis se instalaron entre 2010 y 2018 dos PVD que hoy siguen habilitados gracias a las gestiones de la administración municipal. Francisco Javier Serna Zapata, Administrador del Parque Educativo Cartama, recuerda que el 29 de julio de 2018, justo antes del inicio de mandato presidencial de Iván Duque, se terminó el convenio que daba funcionamiento a los Puntos Vive Digital y comentó que “luego se le entregaron al municipio en calidad de donación los equipos y la infraestructura tecnológica. Hoy tenemos en el Parque Educativo dos PVD y todo pertenece a Támesis; tenemos conectividad, soporte técnico y los servicios abiertos para la comunidad”.

Opuesta es la situación de Caramanta. La bibliotecaria Consuelo Grajales expresa que “si el gobierno hizo un compromiso de ofrecer unos equipos y habilitar esos espacios con conectividad, no deberían terminar los contratos. Este es un municipio muy pobre que no tiene con qué pagar internet mensual. Una empresa privada nos ofreció un paquete que vale $427.000 mensuales, pero aquí hay otras prioridades. De pronto algunas personas dirán que eso es poca plata, pero no para las zonas rurales”.

El Plan Vive Digital, que se pensó como una alternativa para llevar internet a las poblaciones más vulnerables, se apagó al finalizar el segundo periodo presidencial de Juan Manuel Santos y, corrido un año de mandato de Iván Duque, la oscuridad sobre la conectividad y uso de equipamientos digitales ya sembrados en muchas áreas rurales colombianas, sigue cubriendo comunidades.

 

Desconectar los desconectados

Como en otras zonas rurales y urbanas de Colombia, la gran mayoría de Puntos Vive Digital fueron desconectados al finalizar el último mandato de Juan Manuel Santos, a finales de julio de 2018. A partir del 1° de agosto de ese año, la operación de 893 PVD quedó a cargo de cada administración local. Para continuar con la prestación de servicios a la comunidad, cada Alcaldía debe asignar sus recursos propios o realizar alianzas estratégicas con empresas privadas, para garantizar los distintos componentes requeridos para la operación del proyecto, tales como el servicio de conectividad, mantenimiento y actualización de la infraestructura tecnológica, desarrollo de la oferta de apropiación y formación en temáticas TIC, atención la comunidad, entre otras actividades.  

Sólo 56 de esos 949 Puntos Digitales instalados, siguen activos en julio de 2019, debido a que integran el Plan TIC del Proyecto Nacional de Conectividad de Alta Velocidad, que cubre la Amazonía, Orinoquía y Pacífico chocoano de Colombia, por un periodo extendido de operación de ocho años. La pregunta del último año en muchas de las comunidades antes parcialmente beneficiadas es: ¿y ahora qué hacemos? Los municipios no suelen contar con presupuestos disponibles para cubrir muchas de sus necesidades más básicas en salud, educación, vivienda, vías, productividad de la tierra, mucho menos así para desplegar planes relacionados con cultura digital. 

La aparición de escenarios comos los Puntos Vive Digital en zonas rurales de Colombia representan pasos significativos en el proceso de digitalización. En promedio, según la última gran encuesta desarrollada por el MinTic, la cobertura en Internet en zonas rurales es cercana a un 26%, lo que revela que el trabajo para lograr una cobertura superior en servicios de Internet, datos y telefonía debe ser asumido como una política de Estado y como un compromiso no discontinuo de todos los gobiernos.

Algunas de las implementaciones del Plan Vive Digital promovieron la mejoría de proyectos educativos, productivos, sociales y culturales en diversas zonas rurales de Colombia. Maria Cecilia de Ochoa, habitante de Támesis, considera que “fue una estrategia que permitió conectar a internet a muchos municipios del territorio nacional, Muchos habitantes de Támesis recibimos capacitación en el uso de TIC. Los Puntos vive Digital aquí en el municipio navegan con buena velocidad y tienen programas de Microsoft Office. El servicio es utilizado por muchos usuarios en especial por estudiantes”.

Otras habitantes del municipio, como María Mercedes Soto que habita en la zona urbana, y Claudia Velásquez, quien vive en una zona más rural de Támesis, en la vereda La Oculta, afirman no conocer ni haber usado nunca los servicios del Plan Vive Digital. Mauricio Tobón, también vecino de Támesis, cuenta que sí era un usuario asiduo del Parque Educativo Cartama y que “hasta el año pasado que estaba activo utilicé el Punto Vive Digital, pero hasta ahora no se ha renovado el contrato”. Carlos Mario Velásquez, historiador, ha sido usuario recurrente del Punto Vive Digital del Parque Educativo Cartama y lo califica como un servicio “aceptable, muy lenta la velocidad a internet, ojalá que pueda mejorarse”.

 

Internet, ¿para qué?

Las acciones del Plan Vive Digital apuntaron a consolidar en Colombia una infraestructura tecnológica y “llenar la autopista de la información con servicios, aplicaciones y contenidos”. Expresiones del espectro tecnológico como “conectividad”, “ecosistemas digitales” o “banda ancha”, entre otras, ocuparon durante ochos años los primeros renglones del Plan y de sus informes de gestión, mientras que los apartados concernientes a principios y derechos humanos en entornos digitales y tácticas de apropiación digital por parte de las comunidades, y según sus contextos locales, se ubican en el fondo de comunicados, artículos de prensa, rendiciones de cuentas y declaraciones de sus encargados.

De los ocho años de existencia del Plan Vive Digital emergen testimonios relacionados con tabletas y computadores entregados en zonas rurales en donde no son utilizados por falta de electricidad, interrupciones constantes en la conexión a internet o espacios cerrados por miedo a la pérdida o el mal uso de los equipamientos.. Proveer infraestructura para estimular la penetración de internet entre las comunidades campesinas fue una de las banderas más resonantes del Plan Vive Digital. Sin embargo, contar con la participación de la población rural en un “ecosistema digital” supondría trascender de la conversación para la comprensión y el uso de Internet con perspectivas de derechos humanos, como ruta para mejor la calidad de vida, la convivencia y el desarrollo de actividades que sumen a la productividad, colaboración y autonomía de dichas comunidades.

¿Cómo se planea comprender los rasgos y problemas particulares de cada zona rural para ejecutar con lucidez y pertinente impacto esos multimillonarios recursos públicos?, es una pregunta que se hacen algunos analistas sobre temas de tecnologías y derechos humanos en Colombia, también muchas de las personas capacitadas para gestionar esos Puntos Vive Digital que hoy están inactivos, como el caso antes mencionado de Caramanta. “Aquí están los 50 computadores pero desde que terminó el contrato con Fonade, no tienen acceso internet. Los estudiantes a veces vienes a hacer actividades escolares en Word o Power Point y ese tipo de programas. Hay mucha gente que busca este servicio de internet para actualizarse, estudiar, informarse y salir de la ignorancia, pero hace ya muchos meses que estamos sin internet”, cuenta la bibliotecaria Consuelo Grajales. 

Pilar Sáenz, Coordinadora de proyectos de Fundación Karisma, organización de la sociedad civil que trabaja en Colombia y Latinoamérica en la promoción de los derechos humanos en el mundo digital, califica el Plan Vive Digital como “una promesa de conexión incumplida y un despliegue de infraestructura con un impacto limitado”. Tras recorrer y estudiar con ojo crítico las metas de este Plan y su ejecución, ella coincide con testimonios como los de Caramanta y Támesis: “no todos los puntos funcionaban bien. En muchos de los kioskos la alfabetización digital no se dada a plenitud”.

Frente a los ambiciosos planes de gobiernos de turno, ejecutados por fondos y empresas privadas que actúan bajo insuficiente veeduría y control por parte del Estado, organizaciones como Fundación Karisma hacen un llamado acerca de la importancia de una política pública en materia digital. Esta permitiría hablar en Colombia de intervenciones sociales con perspectivas tecnológicas que signifiquen real beneficio para las comunidades, más allá de indicadores de gestión. En la formulación de una política pública no perecedera sería preciso escuchar las comunidades rurales: ¿qué problemas tienen?, ¿para qué les puede servir la penetración de internet en su región y otras formas de telecomunicación en su contexto local?. Sobre lo anterior se expresa y brinda pistas la Fundación Karisma en sus “Comentarios al Plan Vive Digital 2014-2018”.

Consuelo cuenta que en Caramanta la Casa de la Cultura cedió parte de su espacio al Punto Vive Digital: “Aquí antes teníamos el Museo, había exposiciones y reuniones con la comunidad”. Que reviva ese espacio digital, para que no le reste vida la Casa de la Cultura es lo que esperan Consuelo y la comunidad. “Cuando teníamos el espacio con internet todos los niños y jóvenes de las escuelas se acercaban y preguntaban ‘¡Hola, ¿hoy sí hay internet?’; y si yo les decía que por fin funcionaba bien, se sentaban ahí, frente a las pantallas, a hacer sus tareas de la escuela, jugar, calmar la curiosidad”, concluye la bibliotecaria.  

Captura de pantalla 2018-02-05 a las 12.42.44 p.m.En el siguiente gráfico se destacan algunos de los datos presentados en el anterior informe. Descarga aquí la versión pdf para mejor legibilidad.

 

Infografico-Espanol-Comentarios-Vive-Digital-Ancestra

Informe de: Maritza Sánchez Hernández / Coordinadora de Ancestra
Diagramación de infografía: Camila Tamayo