Yennifer y Adrián fueron las primeras personas en llegar. Esta pareja de jóvenes se enteró casi por accidente. No sabían que era Ancestra, ni se imaginaron hablar de estos temas a través de un micrófono, jugando parqués y en pleno puente festivo, porque lo cierto es que estaban de paseo. La familia materna de ella nació en Palermo; con Adrián estaban de visita. Él nació en Venezuela y vino a probar suerte en Medellín hace un par de años. Cuando vieron los afiches de Ancestra pegados en alguno de los muros de este pequeño corregimiento, creyeron que era algo dirigido a la comunidad y no a la gente de paso. Aún así llegaron a la Casa de la Cultura de Palermo, entraron, saludaron, preguntaron y, a fin de cuentas, fueron integrantes activos por más de una hora de la Mesa de Radio “Las mujeres tenemos muchas ganas de hablar”.

Este encuentro sonoro, jugado y sin libreto, ocurrió el 25 de abril en uno de los corregimientos de Támesis, en el suroeste de Antioquia. Fue el puente conversado entre esta comunidad y la segunda versión de Ancestra que habla, por medio de palabras, ilustraciones y un parqués, acerca de algunas cosas de internet útiles para mujeres rurales.


¿Por qué una mesa de radio?

Desde enero de 2018 vivimos los primeros encuentros con mujeres campesinas de Palermo. En esos días las conversaciones se enfocaron en temas como autocuidado, cuidado colectivo y potencialidades de internet como canal para informarse acerca de derechos fundamentales: ¿cuáles son? ¿de dónde salieron? ¿quién los garantiza? ¿cómo entenderlos mejor?. En esos tiempos quedó en las manos de más de 120 mujeres la primera versión de la guía Ancestra. Cuando conversamos sobre los medios que ellas preferirían para informarse e interactuar, además de internet, emergió la radio como un canal común, cercano, que acompaña a las comunidades campesinas en el día a día. “¿Y si la próxima vez hacemos una mesa de radio nosotras mismas?”, les pregunté. Algunas se rieron, las más niñas parecían interesadas, en algunas caras se veía incredulidad de poder hacer algo así en el pueblo.

Y como a todo se le llega el día, el último lunes del pasado abril, a las diez de la mañana, casi todo estaba listo. Personas cómplices se unieron a este experimento de Ancestra en Palermo que tenía en la mira combinar tres propósitos: hacer radio abierta, sin guiones, en colectivo; compartir un plato de sancocho* y  jugar parqués mientras se abría una conversación sobre derechos y circunstancias que conducen a la violación de los mismos en esta comunidad. El resultado pueden escucharlo ustedes:


¿Cómplices que acompañaron este experimento?

Cuando recibieron la invitación abrieron campo entre sus muchos frentes de creación y trabajo. De Medellín a Palermo se movieron para hacer realidad esta mesa de radio: María Isabel Naranjo Restrepo, periodista, contadora de historias e integrante de Manzana Radio, una experiencia de radio libre y ambulante que recorre las calles de Medellín desentrañando las historias que habitan en cada barrio, en cada rincón y en cada voz. Angie Palacio Sánchez, periodista, feminista y una de las creadoras de Las Guamas, un encuentro ciudadano en construcción en el que pueden participar todas las personas que en Medellín están interesadas en alzar la voz y pensar una agenda contra la misoginia. Estefanía Henao, periodista, aerialista, profesora de ciencia aplicada al arte, fanática de las palabras palíndromas y de escuchar una historia cuando menos la espera. Andrés Ángel, filósofo y periodista, tallerista y compañero de viaje de múltiples colectivos de fotografía y proyectos de memoria.

Después de Yennifer y Adrián, llegó Ana Sofía, que con nueve años cuida a su primito Juan José, de cinco. Ana Sofía, a su vez, invitó a Andrea, que llevó a su hijo de dos años, Maximiliano. María Isabel, a la vez conversaba y a la vez hacía acrobacias técnicas con la Manzana Radio para guardar el registro que de este encuentro nos quedó.  Más tarde se sumaron Maribel y Adriana María también. Angie despertó y aterrizó más de una vez la conversación hasta parajes más claros y fundamentales. Estefanía sonrió, cuidó a los más pequeñitos y nos despertó preguntas a las más grandes. Andrés levitó alrededor de la mesa, en silencio, guardando con su lente una colección de sonrisas, ojos bien atentos y dedos y voces en acción (que pueden ver al final de este relato).

Con micrófono y plegable de Ancestra en mano, durante cuatro horas, intentamos entender, por lo menos en un sentido básico, a qué se refieren términos como machismo, dependencia, silencio y miedo. También mencionamos, mientras jugábamos al parqués, con qué pueden tener relación expresiones como autonomía, igualdad, bienestar, libertad de expresión, derechos, acceso a la información y recursos digitales. Recordamos escenas, unas más crudas, otras divertidas, que revivieron situaciones de violencias en la casa, en la escuela, en la calle; todas retratos de algunas de las múltiples violaciones de derechos que sufrieron, viven o experimentarán, las mujeres, las niñas, los niños, en zonas rurales como Palermo. Nos hicimos innumerables preguntas: ¿por qué guardamos silencio? ¿quiénes nos mandan a callar desde las tempranas edades en las que por fin aprendemos a hablar? ¿por qué ciertas agresiones nos parecen normales o justas? Nos quedó mucha tela para cortar. Nos imaginamos en un próximo encuentro: bailar, volar entre árboles, jugar más, abrir una nueva mesa de radio otra vez.

Fotografías: Andrés Ángel Gómez
Texto: Maritza Sánchez Hernández

 

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